Túneles de madrugada I

En estas densas vacaciones que estoy tomando, no he dejado de saltar del trampolín en muchas cuestiones (aunque personales, principalmente), como qué es lo que caracteriza al poder, el Estado, o la biopolítica. Aunque con poco fundamento en las dos piezas que dejo aquí (la filosofía y la poesía), como en el conocimiento de los temas, traigo, como Odín con su arpa, una serie de cuentos que intenten invitar al pensar y a la crítica, a la duda, como úlcera del saber que es. No he editado nada sobre la primera parte, (y de hecho hay cosas con las que no coincido ahora mismo) y se apreciará la falta de conexión y profundidad en lo que se lee, pero como vosotros, yo también seguiré leyendo. Túneles de madrugada para las nuevas parcelas que me ocupen las noches de pasear al Ser; a veces hay que esperar en el tren hasta que se incendie la pradera.

Mensajes al amor

[00:43, 9/2/2019] berzhu: p**** el estado es sociedad del espectáculo o estado biopolítico? es que yo no creo que el estado sea simplemente detentor del poder. yo creo que la vida es el instrumento vía el cual las relaciones de poder se inscriben en la misma, y por tanto la sociedad del espectáculo puede potestarse como discurso en el tiempo (el lenguaje como morada del ser). es decir, el espectáculo se despliega en unos elementos que hacen reproducir este tipo de sociedad, y la vida es el elemento nuclear target de esos elementos. y el estado, no es que sea irrelevante pero su función se determina por relaciones de poder. rollo, no es que sea simplemente un elemento clasista per se, pero que el grupo hegemónico situa en un diámetro las coordenadas de su poder (veáse Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, del Karles). por ejemplo, si el ejército toma el estado por golpe, este actuará de tal forma que sus intereses se vean beneficiados, y adoptará forma más autoritaria o democrática según sea dicho ejército

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Rousseau, la voluntad general y el pueblo

Recomiendo para este artículo una lectura previa: Reflexiones sobre el populismo. Acerca de los contenidos ónticos y la política progresista.

Hace unas semanas terminé de leer El contrato social de Jean-Jacques Rousseau. Estábamos dando en Filosofía práctica una serie de autores, los “contractualistas” (en concreto, Hobbes, Locke y el mismo Rousseau), y mientras que los dos primeros no me suscitaron ni me incitaron a reflexionar excesivamente en sus obras, ni a leer por entero los libros correspondientes de los dos ingleses (El Leviatán para uno, y el Ensayo sobre el gobierno civil para el otro), en el de Rousseau encontré algo que me llamó la atención, un concepto que trata asiduamente en su contrato: el de voluntad general.

Si no recuerdo mal, en un Fort Apache titulado “Podemos y el populismo”, Manolo Monereo comparaba (lo reitero, si no recuerdo mal) al momento del particular-universal populista con la voluntad general rousseauniana.  Si Monereo tal vez hizo la comparación en otro programa, o ni siquiera la hizo, la introduzco de todas formas para contrastarla, pues son elementos que fácilmente se pueden vincular, pero que tras análisis, es algo complicado de sostener. Me dispongo a hacer, por tanto, un análisis y crítica del concepto de voluntad general y cómo se presenta en Rousseau, e intentaré contraponerlo, progresivamente, a la noción populista de pueblo. Empecemos.

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Reflexiones sobre el populismo. Acerca de los contenidos ónticos y la política progresista

De Rajoy a los socialistas, de “constitucionalistas” a independentistas, desde politólogos, economistas, periodistas, instituciones europeas y personalidades del Viejo Continente, hasta el mismísimo Papa, todos se han coaligado para designar un mismo (y único) rival de la inmaculada democracia: los populismos. Sólo faltaría decir que hay un fantasma asustando a una ya atemorizada Europa, y tendríamos una versión renovada del curtido Manifiesto; pero no es así. En todo caso, si alguien considera que el populismo es otra entidad fantasmagórica que aparece en las arenas de la historia, debiera saber que ese fantasma no sabe, como tal, ni lo que quiere, y que no hay un solo espectro, sino varios. Y algunos son, según teóricos de esta lógica política, necesarios para salvaguardar esa misma democracia (o lo que haya de ella).

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