Rousseau, la voluntad general y el pueblo

Recomiendo para este artículo una lectura previa: Reflexiones sobre el populismo. Acerca de los contenidos ónticos y la política progresista.

Hace unas semanas terminé de leer El contrato social de Jean-Jacques Rousseau. Estábamos dando en Filosofía práctica una serie de autores, los “contractualistas” (en concreto, Hobbes, Locke y el mismo Rousseau), y mientras que los dos primeros no me suscitaron ni me incitaron a reflexionar excesivamente en sus obras, ni a leer por entero los libros correspondientes de los dos ingleses (El Leviatán para uno, y el Ensayo sobre el gobierno civil para el otro), en el de Rousseau encontré algo que me llamó la atención, un concepto que trata asiduamente en su contrato: el de voluntad general.

Si no recuerdo mal, en un Fort Apache titulado “Podemos y el populismo”, Manolo Monereo comparaba (lo reitero, si no recuerdo mal) al momento del particular-universal populista con la voluntad general rousseauniana.  Si Monereo tal vez hizo la comparación en otro programa, o ni siquiera la hizo, la introduzco de todas formas para contrastarla, pues son elementos que fácilmente se pueden vincular, pero que tras análisis, es algo complicado de sostener. Me dispongo a hacer, por tanto, un análisis y crítica del concepto de voluntad general y cómo se presenta en Rousseau, e intentaré contraponerlo, progresivamente, a la noción populista de pueblo. Empecemos.

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El silencio de Frank

Nota previa: he vuelto a leer este artículo tras publicarlo, y me percato de que parece carecer de un sentido claro o de explicaciones que iluminen de manera profunda el asunto, la influencia que deja Ocean en mi día a día. Justo hoy hemos tenido una clase de Wittgenstein, y creo que con su cita “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse”, quedan explicadas las posibles incoherencias, las dificultades para argumentar, que he tenido en este texto. Resulta complicado situar algo que casi ni entiendo, esto es, los efectos que producen en mí sus canciones, las imágenes que puedo crear, las sensaciones que se generan… quedan advertidos, queridos lectores.

Tal y como dije en otro lugar (Nights, tres poemas y Frank Ocean), tenía intención de exponer lo que para mí significa el artista, storyteller, genio, Frank Ocean. Intentaré hacerlo en este texto. Cabe anotar que no soy experto en el arte musical, ni siquiera me atrevería a encuadrar a Ocean en un género (me pregunto si es que acaso se puede), ni tengo suficientes herramientas teóricas como para hacer un ensayo de su trabajo artístico. Pero de él y de cualquier otro artista. Y tampoco trataré su persona (que, sí, me agrada mucho). Hablaré de lo que me transmite, y por qué me siento tan unido a casi todas sus canciones. Además, leí por ahí que explanation kills art, así que, menos teorizar, y más disfrutar del arte.

(Es broma camaradas, pero dejaré tales labores a críticos y demás).

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Reflexiones sobre el populismo. Acerca de los contenidos ónticos y la política progresista

De Rajoy a los socialistas, de “constitucionalistas” a independentistas, desde politólogos, economistas, periodistas, instituciones europeas y personalidades del Viejo Continente, hasta el mismísimo Papa, todos se han coaligado para designar un mismo (y único) rival de la inmaculada democracia: los populismos. Sólo faltaría decir que hay un fantasma asustando a una ya atemorizada Europa, y tendríamos una versión renovada del curtido Manifiesto; pero no es así. En todo caso, si alguien considera que el populismo es otra entidad fantasmagórica que aparece en las arenas de la historia, debiera saber que ese fantasma no sabe, como tal, ni lo que quiere, y que no hay un solo espectro, sino varios. Y algunos son, según teóricos de esta lógica política, necesarios para salvaguardar esa misma democracia (o lo que haya de ella).

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Un taller en Damasco

Estoy vivo, y si se puede poner
esto en duda, es por la atávica
presencia de la muerte en mi
habitación, cada mañana, a las 9.

Tal vez en aquella época en la que
aparte de debates de la palabra
y la pluma se dieron también debates
con la espada, en esa dialéctica de
“los puños y las pistolas”, en la era
en la que la cruz de Jesús invadió
la tierra que lo vio nacer, tal vez,
había un joven en aquella imponente
ciudad de Damasco, pensando,
mientras descansaba en el lecho,
en el futuro, en guerras venideras,
en tierras desconocidas, ¿en mí?

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