Rousseau, la voluntad general y el pueblo

Recomiendo para este artículo una lectura previa: Reflexiones sobre el populismo. Acerca de los contenidos ónticos y la política progresista.

Hace unas semanas terminé de leer El contrato social de Jean-Jacques Rousseau. Estábamos dando en Filosofía práctica una serie de autores, los “contractualistas” (en concreto, Hobbes, Locke y el mismo Rousseau), y mientras que los dos primeros no me suscitaron ni me incitaron a reflexionar excesivamente en sus obras, ni a leer por entero los libros correspondientes de los dos ingleses (El Leviatán para uno, y el Ensayo sobre el gobierno civil para el otro), en el de Rousseau encontré algo que me llamó la atención, un concepto que trata asiduamente en su contrato: el de voluntad general.

Si no recuerdo mal, en un Fort Apache titulado “Podemos y el populismo”, Manolo Monereo comparaba (lo reitero, si no recuerdo mal) al momento del particular-universal populista con la voluntad general rousseauniana.  Si Monereo tal vez hizo la comparación en otro programa, o ni siquiera la hizo, la introduzco de todas formas para contrastarla, pues son elementos que fácilmente se pueden vincular, pero que tras análisis, es algo complicado de sostener. Me dispongo a hacer, por tanto, un análisis y crítica del concepto de voluntad general y cómo se presenta en Rousseau, e intentaré contraponerlo, progresivamente, a la noción populista de pueblo. Empecemos.

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Reflexiones sobre el populismo. Acerca de los contenidos ónticos y la política progresista

De Rajoy a los socialistas, de “constitucionalistas” a independentistas, desde politólogos, economistas, periodistas, instituciones europeas y personalidades del Viejo Continente, hasta el mismísimo Papa, todos se han coaligado para designar un mismo (y único) rival de la inmaculada democracia: los populismos. Sólo faltaría decir que hay un fantasma asustando a una ya atemorizada Europa, y tendríamos una versión renovada del curtido Manifiesto; pero no es así. En todo caso, si alguien considera que el populismo es otra entidad fantasmagórica que aparece en las arenas de la historia, debiera saber que ese fantasma no sabe, como tal, ni lo que quiere, y que no hay un solo espectro, sino varios. Y algunos son, según teóricos de esta lógica política, necesarios para salvaguardar esa misma democracia (o lo que haya de ella).

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