Túneles de madrugada I

En estas densas vacaciones que estoy tomando, no he dejado de saltar del trampolín en muchas cuestiones (aunque personales, principalmente), como qué es lo que caracteriza al poder, el Estado, o la biopolítica. Aunque con poco fundamento en las dos piezas que dejo aquí (la filosofía y la poesía), como en el conocimiento de los temas, traigo, como Odín con su arpa, una serie de cuentos que intenten invitar al pensar y a la crítica, a la duda, como úlcera del saber que es. No he editado nada sobre la primera parte, (y de hecho hay cosas con las que no coincido ahora mismo) y se apreciará la falta de conexión y profundidad en lo que se lee, pero como vosotros, yo también seguiré leyendo. Túneles de madrugada para las nuevas parcelas que me ocupen las noches de pasear al Ser; a veces hay que esperar en el tren hasta que se incendie la pradera.

Mensajes al amor

[00:43, 9/2/2019] berzhu: p**** el estado es sociedad del espectáculo o estado biopolítico? es que yo no creo que el estado sea simplemente detentor del poder. yo creo que la vida es el instrumento vía el cual las relaciones de poder se inscriben en la misma, y por tanto la sociedad del espectáculo puede potestarse como discurso en el tiempo (el lenguaje como morada del ser). es decir, el espectáculo se despliega en unos elementos que hacen reproducir este tipo de sociedad, y la vida es el elemento nuclear target de esos elementos. y el estado, no es que sea irrelevante pero su función se determina por relaciones de poder. rollo, no es que sea simplemente un elemento clasista per se, pero que el grupo hegemónico situa en un diámetro las coordenadas de su poder (veáse Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, del Karles). por ejemplo, si el ejército toma el estado por golpe, este actuará de tal forma que sus intereses se vean beneficiados, y adoptará forma más autoritaria o democrática según sea dicho ejército

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Situacionismo, Heidegger, y la poesía apuntando a la vida cotidiana

“Transformar el mundo, dijo Marx; cambiar la vida, dijo Rimbaud: estas dos consignas para nosotros son una sola”. André Breton

 “Dile que le amamos / y que en el veloz flujo del tiempo / todo pertenece al porvenir. Dile que el vencedor de lívida frente / puede morir más que el vencido”. Louise Michel

A medio siglo del Mayo francés, las expectativas de una transformación radical del mundo siguen en el exilio, tal vez en aquel pantano, persiguiendo al cadáver de Lenin, tal vez en un parque donde suena trap y se juntan manos para pasarse porros. Las condiciones que llevaron a las revueltas del 68, en cambio, no parecen ser muy diferentes de lo que encontramos hoy.

“Una carencia similar afecta a las civilizaciones no industriales, donde aún se muere de hambre, y a las civilizaciones automatizadas, donde ya se muere de hastío. Todo paraíso es artificial. Rica, a pesar de los tabúes y de los ritos, la vida de un habitante de las islas Trobriand está expuesta a una epidemia de viruela; a pesar del confort, la vida de un sueco está expuesta al suicidio y al mal de supervivencia” [1]. Estas palabras podrían encontrarse en cualquier artículo crítico con el estado de las cosas de este milenio, ante el vertiginoso e incesante aumento del consumo de antidepresivos en España[2], o presenciando la ausencia de vida en cada stories de Instagram. Vi hace poco, por cierto, una cuenta en ésa red social que vendía una camiseta con esta frase escrita en ella: “May your life be as awesome as you pretend it is on instagram”. No hace falta decir mucho más cuando incluso ese mal de supervivencia que constituye el capitalismo tardío vende. El orgasmo anónimo del poder retumba en mi bloque y en mi trabajo.

Las palabras de la cita de arriba están sacadas, sin embargo, del Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, del situacionista belga Raoul Vaneigem, publicado en 1967, un año antes de ese Mayo. Cincuenta años y el espectáculo nos sigue haciendo danzar. “Un obrero de Espérance-Longdoz resumía como sigue su desacuerdo con Fourastié, Berger, Armand, Moles y otros perros guardianes del futuro: «Desde 1936 he luchado por reivindicaciones salariales. Tengo televisor, frigorífico, un Volkswagen. Total, que yo no he dejado de llevar una vida de cabrón». [3] La vida por y para la mercancía es inauténtica por estar cimentada en la mentira, en el dogmatismo de un irreversible cambio que no cambia nada, en la actitud contemplativa de un tiempo sin totalidad, con momentos que pretenden alcanzarla y que quedan como polvo de un pasado que, como los muertos observados por el Angelus Novus, nos recuerdan lo inapropiado de esta cotidianidad tan pobremente rica. La inacabable resaca de esto se alivia y alarga a la vez con cada nueva compra. Guy Debord, principal teórico del situacionismo, dijo en La sociedad del espectáculo:

La primera fase de la dominación de la economía sobre la vida social había implicado en la definición de toda realización humana una evidente degradación del ser en el tener. La fase presente de la ocupación total de la vida social por los resultados acumulados de la economía conduce a un deslizamiento generalizado del tener al parecer, donde todo “tener” efectivo debe extraer su prestigio inmediato y su función última. [4]

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El silencio de Frank

Nota previa: he vuelto a leer este artículo tras publicarlo, y me percato de que parece carecer de un sentido claro o de explicaciones que iluminen de manera profunda el asunto, la influencia que deja Ocean en mi día a día. Justo hoy hemos tenido una clase de Wittgenstein, y creo que con su cita “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse”, quedan explicadas las posibles incoherencias, las dificultades para argumentar, que he tenido en este texto. Resulta complicado situar algo que casi ni entiendo, esto es, los efectos que producen en mí sus canciones, las imágenes que puedo crear, las sensaciones que se generan… quedan advertidos, queridos lectores.

Tal y como dije en otro lugar (Nights, tres poemas y Frank Ocean), tenía intención de exponer lo que para mí significa el artista, storyteller, genio, Frank Ocean. Intentaré hacerlo en este texto. Cabe anotar que no soy experto en el arte musical, ni siquiera me atrevería a encuadrar a Ocean en un género (me pregunto si es que acaso se puede), ni tengo suficientes herramientas teóricas como para hacer un ensayo de su trabajo artístico. Pero de él y de cualquier otro artista. Y tampoco trataré su persona (que, sí, me agrada mucho). Hablaré de lo que me transmite, y por qué me siento tan unido a casi todas sus canciones. Además, leí por ahí que explanation kills art, así que, menos teorizar, y más disfrutar del arte.

(Es broma camaradas, pero dejaré tales labores a críticos y demás).

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