El silencio de Frank

Nota previa: he vuelto a leer este artículo tras publicarlo, y me percato de que parece carecer de un sentido claro o de explicaciones que iluminen de manera profunda el asunto, la influencia que deja Ocean en mi día a día. Justo hoy hemos tenido una clase de Wittgenstein, y creo que con su cita “de lo que no se puede hablar, es mejor callarse”, quedan explicadas las posibles incoherencias, las dificultades para argumentar, que he tenido en este texto. Resulta complicado situar algo que casi ni entiendo, esto es, los efectos que producen en mí sus canciones, las imágenes que puedo crear, las sensaciones que se generan… quedan advertidos, queridos lectores.

Tal y como dije en otro lugar (Nights, tres poemas y Frank Ocean), tenía intención de exponer lo que para mí significa el artista, storyteller, genio, Frank Ocean. Intentaré hacerlo en este texto. Cabe anotar que no soy experto en el arte musical, ni siquiera me atrevería a encuadrar a Ocean en un género (me pregunto si es que acaso se puede), ni tengo suficientes herramientas teóricas como para hacer un ensayo de su trabajo artístico. Pero de él y de cualquier otro artista. Y tampoco trataré su persona (que, sí, me agrada mucho). Hablaré de lo que me transmite, y por qué me siento tan unido a casi todas sus canciones. Además, leí por ahí que explanation kills art, así que, menos teorizar, y más disfrutar del arte.

(Es broma camaradas, pero dejaré tales labores a críticos y demás).

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Y para los que quieran una visión, tal vez, más general, recomiendo el vídeo que comparto en el artículo que he dejado arriba. Y también este artículo Por qué Frank Ocean es el artista más necesario de nuestra generación, en PlayGround, del que por cierto me voy a servir para exponer el caso Ocean.

Se dice en dicho artículo:

En la música de Frank, siempre estarás en el asiento del copiloto. Seas quién seas. Al fin y al cabo la suya es música eminentemente introspectiva. Sus canciones siempre son excursiones por sus recuerdos. Y a menudo están velados. Miramos por la ventana y no acabamos de entender dónde estamos. Pero no importa. Porque el paisaje nos sigue pareciendo bello.

Música eminentemente introspectiva… en efecto. Es por eso por lo que me apasiona, por ejemplo, su último álbum Blonde. No es música para masas, no es música para colectivos, no es música, considero yo, para bailar ni para cansarte físicamente. Es una experiencia existencial, contemplativa, de recuerdos, memorias y futuros. Son sonidos urbanos, de espacios cerrados, de plenitudes ausentes provocadas por la ciudad posmoderna. Su música es una noche de lágrimas o una mañana potencialmente alegre, entre flores y cielos de color rosa; una vida dura o un día más; la melancolía por recordar aquellas manos o la efervescencia por conocer un nuevo amor; ebriedad, sobriedad o sobriedad, ebriedad; tristeza o sublimación. Para cada momento es buen acompañante. Y ayuda. Mucho (Frank Ocean’s Music Is Helping Brad Pitt Through His Divorce with Angelina Jolie).

Pero que no sea una música “para masas”, no significa que no se dirija a todos nosotros: es un fenómeno particular con proyección universal, y no por el simple hecho de ser arte, sino por la vinculación que casi todo sujeto de este mundo, tanto en Beverly Hills como en Santa Coloma (my city), podemos tener. Por eso considero que con Frank Ocean “no eres el copiloto”, él es tu copiloto. Obviamente no podemos conocer de qué nos habla en determinadas instancias, no sabemos qué intención tiene con sus letras, ni qué opina de todo ello, pero como lo que constituye una obra de arte es la producción de sentidos, es decir, las diversas interpretaciones que se pueden dar, la música de Frank está abierta y se puede llenar de nuestras propias vivencias. Una suerte de significante vacío (jeje).

En Blonde, sus letras son más ambiguas que nunca. Una sucesión de metáforas y dobles sentidos que hablan del amor, el sexo, el desencanto, el placer, la celebridad, las drogas, la moral y la búsqueda espiritual. Una colección de observaciones, imágenes y recuerdos que parten de su más estricta intimidad (nunca acabamos de saber de quién o qué habla exactamente) pero que acaban siendo reconocibles por todos. Quizá necesitamos Genius para entenderlo, pero no para conectar.

El propio escritor del artículo se contradice (pasa de una supuesta introspección de Ocean a la universalidad de la que hablo), pero no pasa nada. Como vemos, Ocean habla y expone casos, historias, motivos, de los que todos podemos sentirnos parte, participar, como dicen en inglés, we can relate. Un ejemplo de Íñigo Errejón hablando del 15M (en We The People El 15-M: ¿Un populismo indignado?):

[…] En el caso del 15-M, la enunciación de “ejemplos” que todo el mundo conoce, expuestos en primera persona, exponen y encarnan un problema colectivo y movilizan la empatía y la confluencia sin solicitar mayores adhesiones ideológicas. La Puerta del Sol madrileña llena de “casos” escritos en papeles y pegados en cada pared , es la mejor ilustración de la potencia de esta interpelación abierta a partir de un (re)enmarcamiento (Snow y Benford, 1988) de los casos particulares, ahora ya ejemplos de la injusticia que debe ser cambiada.

Los movilizados, los indignados, el pueblo, colgaban papeles exponiendo situaciones de miseria, de pobreza, de hartazgo. Y servían de universales, encarnaban, como dicen Errejón, un problema colectivo. Aunque no con proyección política (a pesar de que el arte sí sea político), Frank produce exactamente el mismo efecto. Se podría objetar que en realidad toda la música es un significante que podemos llenar con nuestras propias experiencias, que podemos vincular a diversos momentos de nuestra vida, a una persona, a un atardecer, a un beso, a un viaje… pero no creo que sea lo mismo. Una canción pop comercial (por poner un ejemplo) difícilmente podrá producir el mismo efecto que una canción que cuenta una historia, que tiene un motivo, una raison d’être en sentimientos y emociones mucho más profundos por sí mismos que temas de canciones como “I’m the One” “Súbeme la radio”. También estas últimas podrán tener sentimientos vinculados, no lo niego, pero serán a posteriori, probablemente atados a hechos vividos mientras sonaban, no a que las propias canciones te trasladen o te emocionen y conmuevan. Ni tampoco están hechas, creo yo, para eso. Es música que llega y pasa, y a la que difícilmente volverás pasado un tiempo. Personalmente, y por poner un ejemplo, una canción llamada Catch & Release, de Matt Simons, en su versión remix de Deepend, la escuchaba el verano pasado y era una canción electrónica sin más, agradable, que incitaba a bailar… siendo aquel un verano en el que había una persona muy importante en mi vida. Hoy esta persona ya no está, y no está desde hace poco. Al escuchar la canción, me hunde y me trae nostalgia. La pieza, pues, se ha resignificado.

Pero he ahí la grandeza de Ocean. No sólo su música puede ser un elemento al que vincular partes de nuestra vida (como las canciones más comerciales), sino que es un momento también para volver a hechos del pasado, a viajar por la memoria, por lo que ya fue, per se; pero también por lo que será, y por lo que puede ser. Son piezas que extasían, llenas de sabores, llenas de imágenes, horizontes. Son trampolines a la imaginación y a la proyección de vívidos sueños. Canciones como Nights (que comento en el artículo que me lleva a escribir esto) o Pyramids, son artillería para visiones y asociación de ideas. ¿Pero por qué Ocean y no otros artistas? Porque sí. No hay otra respuesta a eso, y no creo que necesite de una explicación empírica o excesivamente intrincada. Es mi punto de vista.

No quiero ser simplista, pero su música me apasiona, me une al mundo me reconforta, me acompaña, me apoya, me ayuda a recordar cuando es demasiado duro, me abraza. No hay más, ni tampoco le busco un trasfondo (que obviamente tendrá, pero no me atañe ni me preocupa). Escuchen sus álbumes, camaradas, y ya. Y por supuesto, también se trata de su estilo, no escucho música simplemente por sensaciones profundas o de contemplación de la vida (ni sólo escucho a Frank por eso): hace buena música, en todos los sentidos, y su voz tiene una fuerza que, junto con la temática de la particular canción, me hace llorar más de una vez. Entre otras sensaciones, claro.

Creo que es el único artista hasta ahora escuchado que me ha sacado lágrimas, muchas veces. Por eso significa tanto para mí. Es mágico, tiene una fuerza… y carezco de palabras. Es escuchar White Ferrari y simplemente sentirlo, sin poder explicarlo.

Mind over matter is magic
I do magic
If you think about it it’ll be over in no time
And that’s life

frank-ocean

Sigue el artículo de PlayGround:

También nos recuerda que no hay nada malo en callar. En guardarse las opiniones. En no querer ser etiquetado, ya sea en fotos o con prejuicios.

Nos recuerda que, por inverosímil que parezca, buscar una verdad interior todavía es una alternativa válida a proyectar una mentira al exterior.

Más allá de ese posmodernismo de la “verdad interior”, vuelve el tema del silencio. Dejé arriba sin tratar demasiado la cuestión del copiloto. Como ya dije, considero que es Ocean el que hace de copiloto, el que te acompaña, el que con sus canciones te permite navegar, te permite descansar. Tengo la imagen concreta de estar en la cama, una noche bastante dura anímicamente, tener puesta Self Control de Blonde y sentirme… relajado, sentir que podía pasar por todos los puñales que recibía en esos momentos. Poder soñar.

Pero no sólo en momentos de tristeza. Coger el tren, tener puesto en el móvil el álbum de channel ORANGE, o nostalgia, ULTRA (o lonny Breaux, que he descubierto hace poco), y dejar que sus vibraciones, y sus tonalidades veraniegas, de lugares abiertos, tropicales, de amor, me invadan, es una experiencia agradable, viva, bella. Es un sí a la vida. La música de Frank tiene ésas dos facetas para mí, una más melancólica y otra más vivaz y positiva, pero siempre de soporte, siempre de pilar para vivir, siempre como promesa de felicidad (Stendhal). Y se lo agradezco.

Paso ahora a comentar algunos ejemplos concretos de sus canciones, de las visiones que me producen algunas.

  • Super Rich Kids / Sweet Life / Skyline To

Siempre me gusta entender estas tres canciones como una especie de proyección a una vida futura… que podría tener o no. Desde luego, se habla desde un punto de vista privilegiado, de riquezas, y justamente por eso le doy la vuelta, y lo convierto en un horizonte, en un lugar soñado, en una forma de vida como mito. Me transmiten además visiones muy estivales, de playa, de la imagen que tengo de Los Angeles, y entre una cosa y otra, a imágenes de la infancia, de ir a la playa con la familia, de frescura. En Super Rich Kids:

We end our day up on the roof
I say I’ll jump, I never do
But when I’m drunk I act a fool
Talking bout, do they sew wings on tailored suits
I’m on that ledge, she grabs my arm
She slaps my head
It’s good times, yeah

Y en Sweet Life:

You’ve had a landscaper and a house keeper since you were born
The starshine always kept you warm
So why see the world, when you got the beach
Don’t know why see the world, when you got the beach
The sweet life

So why see the world, when you got the beach… por qué ver mi miseria o mi pobreza cuando tengo al mar y a mi océano de esperanzas.

En Skyline To:

This is joy, this is summer
Keep alive, stay alive
Got your metal on, we’re alone
Making sweet love, takin’ time

/

It begins to blur, we get older (Blur!)
Summer’s not as long as it used to be
Everyday counts like crazy (Smoke, haze)
Wanna get soaked?
Wanna film a tape on the speed boat?
We smell of Californication

venice-beach

  • White Ferrari / Seigfried / Godspeed / Bad Religion

Estas cuatro, a las que tal vez podría añadir Thinkin Bout You, es la de los momentos de amor, de nostalgia, de recuerdos que aunque puedan ser, hablando claro, jodidos (maldito realismo sucio), quedan sublimados en la voz de Ocean y el ambiente que producen las canciones. Una manera de lamentarse sin sufrir, una manera de mirar a lo que ya fue sin dolor, sin cicatrices. Son algunas de las piezas que más lágrimas me sacan.

White Ferrari, con la imagen del coche en movimiento, se puede entender también como el viaje de una persona a otra, aunque sea imposible olvidar a aquélla que ya ha dejado de ser… algo más:

I care for you still and I will forever
That was my part of the deal, honest
We got so familiar
Spending each day of the year, White Ferrari
Good times
In this life, life
In this life, life

Seigfried, aunque no necesariamente vinculada con el amor, es un instante de reflexión, de pensar en la vida, en esa atmósfera nostálgica/melancólica que crean las otras dos de la triada:

This is not my life
It’s just a fond farewell to a friend
It’s just a fond farewell to a friend
This is not my life
It’s just a fond farewell to a friend
It’s not what I’m like
It’s just a fond farewell (brave)

Y Godspeed… en fin. A nivel personal, me toca profundamente. La escuché en momentos por los que había una joven en algún posible futuro de mi vida, y cuando todo aquello se hundió, esa canción… bueno, dejo simplemente algunos versos:

I will always love you how I do
Let go of a prayer for ya
Just a sweet word
The table is prepared for you

/

I let go of my claim on you
It’s a free world
You look down on where you came from
Sometimes
But you’ll have this place to call home
Always

/

Oh-oh, ohhh
I’ll always love you
Until the time we die
Oh-oh, ohhh

Bad Religion, retorna la imagen del viaje en coche, y aunque es cierto que aquí se muestra la bisexualidad de Ocean (I could never make him love me), se puede interpretar perfectamente como un amor imposible:

It’s a, it’s a bad religion
To be in love with someone
Who could never love you
Only bad, only bad religion
Could have me feeling the way I do

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  • Pink + White / Ivy / Self Control

Una triada de canciones con temáticas de amor, y si bien es cierto que están vinculadas, en parte, a los temas de las cuatro anteriores, de nostalgia y melancolía, los sonidos son mucho más abiertos, mucho más esperanzadores, mucho más dulces y menos cerrados como los de Seigfried.

En Pink + White, es sobre todo una imagen de dulzura, de alguna tarde en Barcelona, de aromas suaves:

That’s the way everyday goes
Every time we’ve no control
If the sky is pink and white
If the ground is black and yellow
It’s the same way you showed me

Ivy, amor, tristeza, puñales… pero con el mundo abierto de Pink + White, y con ese final esperanzador en el que, Ocean, o yo, seguimos soñando:

I thought that I was dreaming
When you said you loved me
It started from nothing
I had no chance to prepare
I couldn’t see you coming
It started from nothing
I could hate you now
It’s quite alright to hate me now
When we both know that deep down
The feeling still deep down is good

/

If I could see through walls
I could see you’re faking
If you could see my thoughts
You would see our faces

/

All the things I didn’t mean to say
I didn’t mean to do
There were things you didn’t need to say
Did you mean to? Me too
I’ve been dreaming of you
Dreaming of you
I’ve been dreaming of you
Dreaming of you
I’ve been dreaming
Dreaming

Self Control, que al igual que el resto, no es tan puñente ni acuciante como las cuatro anteriores, sino que deja espacio al sueño y a los posibles de la existencia:

Sometimes you’ll miss it and the sound
Will make you cry
And some nights you’re dancing
With tears in your eyes

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Podría hablar de muchas otras canciones, con lo que siento con cada una de sus creaciones, con cada álbum. Hablar del realismo sucio de Pyramids o de Crack Rock, de la crítica social en American Wedding, de Solo o de los sueños en Nature Feels… pero os lo dejo a vosotros :). Más allá de lo que he ido reiterando, de esa constante en la apertura a la imaginación propia y subjetiva que deja su música, también hay que tener mencionar (algo obvio en realidad) su papel como narrador, las historias que nos cuenta, que son también un aliciente más en el goce de sus canciones. Para algunos puede ser esto la principal contribución que sacan de Ocean; para mí es su silencio, el silencio que me permite llenar mi vida.

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